1. ARMONÍA
ENTRE VINO Y COMIDA
Es necesario conocer las reglas que permiten
realzar los vinos que se ofrecen en la mesa. Saber situar
un vino en determinado lugar de un menú, forma parte
del arte de la buena mesa.
En este sentido, un error es una falta de gusto y una torpeza
que un buen vino no se merece.
La gastronomía es una especialidad que no es competencia
del enólogo, pero a la que aporta un elemento importante
que no se cocina.
Sin embargo, el vino es inseparable de la comida y constituye
“la parte espiritual de la gastronomía”.
2. PRINCIPIOS DE LA ARMONÍA
Se comprende que en el transcurso de una comida pretendemos
instintivamente conseguir cierta armonía entre los
sabores de lo que bebemos y los sabores de lo que comemos.
Estas impresiones que recibimos alternadas, pero que en
determinados momentos se superponen, no deben contrariarse
ni neutralizarse; deben ser paralelas y, si es posible,
realzarse mutuamente.
La concordancia debe lograrse al mismo tiempo, en cuanto
a intensidad de impresiones, a su naturaleza y a su calidad.
La búsqueda de la armonía o equilibrio entre
los gustos y los sabores y olores se basa en las asociaciones
de las cualidades sensoriales.
Reglas de armonía
Existen numerosos tratados de normas para combinar platos
determinados con vinos concretos: entre otros, las normas
de la cocina clásica, las de la nueva cocina, las
de la cocina francesa, etc.
Desde el punto de vista de los vinos, existen unas pocas
reglas básicas, casi siempre aplicables.
Reglas de obligación:
- Es muy adecuado combinar vinos y platos del mismo origen.
- Los platos en los que un vino entra como ingrediente,
se realzan acompañados con el mismo vino.
Reglas de prohibición:
- El vinagre siempre combina mal con el vino.
- El agua de mar, y aquello que la contiene, es incompatible
con el vino tinto
- No deben acompañarse con vinos, platos de culturas
exóticas que desconocen su existencia.
Regla de oro:
LA ARMONÍA PERFECTA NO EXISTE...Y ADEMÁS ES
SUBJETIVA.
En esta materia no hay que olvidar las dos siguientes premisas:
“De nada sirve aplicar unos criterios si no son compartidos
por quien nos escucha”.
A fin de cuentas “el vino se ha hecho para el placer
y no para el error”.
3. MARIDAJE DE VINOS Y PLATOS
4. COCINAR CON VINO
La historia de la cocina y la del vino se confunden, pues
el vino siempre ha sido el compañero indispensable
de los ágapes.
Pero a lo largo de los siglos han ido completándose
también las reglas de la cocina al vino, que constituye
un arte tradicional y regional.
Antaño, el vino era indispensable para la conservación
de la carne, siendo la mejor solución para conservarla
intacta un adobo, en el que además luego se procedía
a cocinar los platos.
La cocina al vino ya se conocía en la época
romana.
Utilizar vino en la cocina significa aportar nuevos sabores,
siendo las recetas de cocina al vino muy numerosas hasta
el punto de poderse elaborar un completo “menú
al vino”.
Los adobos
Las maceraciones y los adobos con vino fueron siempre una
receta clásica para conservar los alimentos.
Los adobos se componen generalmente de vino, vinagre, especias
y verduras varias. Al adobar la caza, por ejemplo, se le
quita su sabor silvestre.
Los adobos con vino blanco suelen reservarse para el pescado,
las carnes blancas y la caza de pluma, mientras que los
adobos con vino tinto son más apropiados para los
pescados grasos y la caza de pelo.
Los pescados y el marisco
Siempre se optara por utilizar un vino blanco joven, seco
(sin azúcar) y afrutado, en proporciones variables
según él numero de comensales (desde dos vasos
hasta una botella entera).
Los pescados de carne firme (atún, lamprea, congrio)
pueden aceptar salsas de vino tinto
La caza
Los grandes platos de caza (liebre, jabalí, corzo,
etc.) suelen acompañarse con salsas al vino tinto.
Se elegirá un tinto racial, con buen grado y mucho
cuerpo, aunque luego se sirva el plato con un vino más
elegante.
Las aves
El gallo al vino tinto es muy conocido. Pero al igual que
el pavo o el pollo, aceptan todos los vinos, sean blancos,
rosados o tintos
Carnes blancas y rojas
Pueden realizarse preparaciones culinarias tanto con vino
blanco como con tinto e incluso con una mezcla de ambos.
Dependerá mas bien de la regionalidad del plato a
preparar y del tipo de vino de esa zona.
Los postres
Los postres preparados con vino no faltan. Por ejemplo las
macedonias con moscatel (vino blanco) o las peras al vino
(vino tinto).
En este terreno, todo es cuestión de gustos.
Consejos prácticos
• No utilizar vinos ordinarios o demasiado ligeros,
pues después de la cocción su reducción
acentuaría su falta de cuerpo.
• Es inútil usar viejas añadas pensando
que ello aumentara el valor de la receta. Por el contrario
esta opción puede ser fatal, aparte del inconveniente
del precio.
• Suele servirse en la mesa el mismo vino que se ha
utilizado para cocinar el plato, aunque sea de una añada
distinta (con la condición de que sea apto ara acompañar
dicha comida). A falta de este, se optara por un vino del
mismo origen.
• Las salsas al vino deben cocer lentamente y, sobre
todo, nunca tienen que hervir. Como el café, si la
salsa hierve, ya no vale nada.
Información elaborada por D. Juan Carlos Carcelén.
Conservador Museo del Vino de Jumilla.
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